La razón del corazón, La imprescindible inteligencia emocional

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“La capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último — pero no por ello menos importante— la capacidad de empatizar y confiar en los demás. (Goleman, 1996, p. 65)´´

En ocasiones tendemos a priorizar  asignaturas, conocimientos, habilidades y competencias que directamente ligamos al rendimiento académico. Si preguntamos: ¿Es útil saber sumar o restar?, ¿Seré más competente si soy capaz de hallar la aceleración de un objeto en caída libre?, o  por otro lado ¿Debería conocer  la historia del alto y bajo Egipto?, ante estas preguntas sin duda asentimos hacia la posibilidad de estudiar y conocer todas estas materias. Pero, ¿Qué hay de nuestra capacidad de controlar y conocer nuestras emociones?

En ocasiones nos olvidamos de nuestro “yo´´  sin darnos cuenta de que es el principio y el fin de nuestro rendimiento tanto académico, social  como personal.  Esto crea la necesidad de introducir en el aula la, ya definida, inteligencia emocional. Trabajar la inteligencia emocional conlleva  no olvidarse de reforzar cada una de sus características:

  1. Se genera y madura, en parte por el desarrollo, maduración y expresión de la vida emocional, es decir, emociones como el  miedo, el amor o la ira  dependen de la vida de la persona. Los adultos reconocemos nuestras emociones ya que somos capaces de entenderlas e interpretarlas ya sean nuestras o de otras personas gracias a nuestra experiencia. Esto lo podemos ver en niños con desapego o “apego evitativo´´ provocado por la carencia de vínculos afectivos en su vida temprana. Esta situación evoluciona a adultos pobres emocionalmente que no pueden captar ni entender los sentimientos y emociones. Dentro de esta carencia podemos  encontrar la alexitimia (Peter Sifneos, 1972), que es la incapacidad de expresar emociones con palabras, y normalmente se liga a esa carencia afectiva de la que hemos hablado.
  2. La psicogénsis de las emociones/sentimientos, es decir,  como interpretamos los acontecimientos, o sea  que pensamos y con qué frecuencia realizamos un pensamiento autoevaluativo sobre lo que pasa y nos pasa.
  3. La percepción de la vida afectiva como algo positivo y utilizable en beneficio propio ya que aunque  algunas personas, por naturaleza sean pesimistas, siempre se puede pensar y trabajar en positivo.
  4.  De nuestra percepción afectiva derivamos a la autoimagen positiva, que claramente es el propulsor del éxito en nuestras empresas y en nuestro propio desarrollo, aumenta nuestra resistencia al desencanto ante el fracaso, el sentimiento de culpabilidad y de las emociones negativas.
  5. Autocontrol de las emociones, el clásico entre los filósofos tradicionales como Santo Tomás o Descartes (Las pasiones del alma 1649) y una de las cuatro virtudes cardinales (templanza) junto con la moderación, sobriedad y continencia. Este autocontrol y evaluación de lo sentimental y emocional nos ayuda a saber reconocer nuestras debilidades y trabajar para evitar caer.
  6. Inteligencia interpersonal o social, es decir como manejamos nuestras emociones en relación a los demás y a capacidad para conocer y respetar emociones ajenas (Empatía). De la carencia de esta inteligencia surge la “disemia´´ es un término que significa incapacidad o dificultad para captar los mensajes verbales y no verbales de los demás. Algunos de los componentes de la inteligencia social son: sociabilidad, amistad, participación, cooperación, solidaridad, atractivo social, actitud democrática, destreza en la comunicación y en la resolución de conflictos interpersonales, respuesta eficaz o asertiva a la crítica, capacidad de escucha y de liderazgo, entre otros, respecto a las normas de convivencia, etc.
  7. Para terminar encontramos la expresión de A. Damasio (1996) “Estado de Flujo´´, que es, por decirlo así,  como si apagásemos la luz de las emociones, sin olvidarnos de ellas, estar sin preocupaciones, es un estado de sosiego y control en definitiva el olvido de uno mismo por sí mismo.

Después de lo expuesto espero que empecéis a apreciar y comprender la necesidad  de desarrollar en la escuela programas para trabajarla y os animo a utilizar los recursos que he colgado en el apartado “Inteligencia emocional´´ y deseo que os sean útiles.

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